La tensión entre la FIFA y las ciudades anfitrionas de Estados Unidos ya está dejando cicatrices, y según apuró el Jogo Hoje, ahora esas mismas fricciones financieras y operativas empiezan a contaminar la candidatura del Mundial Femenino de 2031. La pregunta que nadie quiere responder en voz alta es simple: si el modelo sale caro para la ciudad y la FIFA controla el ingreso, ¿quién asume el riesgo cuando llega la hora de firmar?
Qué está pasando con la candidatura de 2031
Varias ciudades estadounidenses que estaban en la órbita para albergar partidos del Mundial Femenino de 2031 estarían considerando retirarse por los “entrantes” acumulados alrededor del torneo masculino de 2026, que arranca en junio. En este punto, no hablamos de un desacuerdo menor: estamos en el terreno de garantías gubernamentales, costos de seguridad, logística y, sobre todo, de cómo se reparten los ingresos y quién paga los platos rotos.
De hecho, Chicago y Pittsburgh se habrían negado a competir para la cita femenina, y las versiones que circulan atribuyen la decisión a exigencias económicas de la FIFA. Si una ciudad grande como Chicago ya se frena, el efecto dominó puede volverse inevitable en el resto de candidatas.
Por qué ciudades de EE. UU. están repensando la sede
En finanzas del deporte, el problema no es solo el costo: es la incertidumbre. La FIFA insiste en que los anfitriones asuman los costos de seguridad vinculados a los estadios, pero al mismo tiempo retiene ingresos que para una ciudad son oxígeno presupuestario: derechos de transmisión, receita de patrocínio y la venta de entradas. ¿Y el resultado? Tensiones que no se gestionan con comunicados, se gestionan con números y contratos.
Además, el calendario también presiona. La FIFA habría postergado la confirmación de sedes de la próxima edición, que se suponía para finales de este mes, y la fecha quedó en el aire. La propuesta de candidatura conjunta entre Estados Unidos, México, Costa Rica y Jamaica sigue siendo la única sobre la mesa, pero con el ambiente actual, “sobre la mesa” puede ser solo una frase elegante.
Y cuando el torneo masculino sirve de termómetro, el termómetro no miente. Siete de los 40 estadios considerados en EE. UU. para el ciclo masculino de 2026 también aparecen en la lista para el Mundial Femenino de 2031, y la experiencia no habría sido uniforme. En este tipo de torneos, el “aprendizaje” llega tarde: llega después de la factura.
La experiencia con la FIFA en la Copa de 2026 y los puntos de atrito
El bloqueo de fondo, según lo informado por medios británicos y estadounidenses, tiene un componente administrativo y otro de caja. Por un lado, el gobierno de EE. UU. todavía no habría entregado a la federación las garantías gubernamentales necesarias para cubrir obligaciones típicas del anfitrión: visados, impuestos, seguridad y protección.
Por otro lado, está el choque clásico entre control y reparto. La FIFA habría requerido que las ciudades paguen la seguridad “alrededor de los estadios” en el verano, mientras retiene ingresos clave. En plata, esto se traduce en que el riesgo operativo cae en el municipio y la compensación comercial se concentra en la entidad.
El ejemplo del Gillette Stadium ilustra el tipo de conflicto que desgasta a cualquier administración. La disputa sobre quién cubría los costos de seguridad en el espacio se resolvió solo el mes pasado. Ese estadio, además, aparece en la pelea para 2031. O sea: no fue un problema aislado; fue un aviso.
Y no olvidemos la otra mitad del balance: la operación diaria. Transporte público, organización de eventos paralelos y el calendario de activaciones. Se reporta que muchas ciudades cancelaron las Fan Fests oficiales o recortaron días de apertura cuando deberían operar durante 39 días en referencia al torneo masculino. Si la ciudad no puede garantizar el flujo y la logística, el costo de oportunidad también entra en el cálculo.
Incluso la demanda y el “show” influyen en la negociación. En Chicago, el Soldier Field llegó a superar 61.000 espectadores en un juego de Nueva Zelanda vs Irlanda en noviembre, con entradas agotadas. Ese tipo de marco ayuda a vender la idea; pero cuando la FIFA controla el ingreso y exige el gasto, hasta un estadio lleno puede no alcanzar para justificar la exposición.
La alternativa que ganó fuerza: la Copa de Rugby de 2031
Cuando el fútbol te cobra por adelantado y comparte poco, el mercado mira al costado. Y ahí es donde la World Rugby aparece con una propuesta más “gestionable” para ciudades y federaciones: menos exigencias, más flexibilidad comercial y, sobre todo, un esquema más claro de financiamiento.
Según se informó, la World Rugby recibió manifestaciones de interés de 27 ciudades que suman 33 estadios, y 20 de esos lugares estarían en ambas listas. La entidad además planea reducir la lista para quedar entre 10 y 15 estadios mediante un proceso de licitación, lo que empuja a las ciudades a decidir dónde realmente quieren apostar.
En términos financieros, el diferencial es contundente: la World Rugby dijo que financiará el evento y que habrá un modelo de compartimiento de lucros (o pérdidas) con la USA Rugby, en lugar de exigir que los anfitriones carguen con el torneo completo. Esa sola frase cambia la conversación de “quién paga” a “cómo se reparte”.
Además, al parecer la World Rugby ajustó los períodos de acceso exclusivo a los estadios, algo clave si el torneo coincide con la temporada de fútbol americano 2031/32. Menos tiempo bloqueado para el calendario local suele significar menos ingresos perdidos y menos fricción con el ecosistema de eventos.
Qué cambia para la candidatura conjunta de EE. UU., México, Costa Rica y Jamaica
La candidatura conjunta de Estados Unidos, México, Costa Rica y Jamaica sigue siendo la ruta central, pero el aire se volvió pesado: si ciudades estadounidenses empiezan a retirarse, el peso político y financiero se desplaza hacia menos sedes y más estadios, y eso eleva el “costo por plaza” para quienes decidan seguir.
En la práctica, la candidatura conjunta necesita estabilidad de garantías gubernamentales y previsibilidad de operación. Si los trámites de visados y seguridad no se cierran a tiempo, el riesgo se contagia. Y si la FIFA mantiene el mismo modelo de modelo de compartimiento de lucros asimétrico, el incentivo para firmar se vuelve cada vez más débil para los gobiernos locales.
También hay que mirar el inventario: en EE. UU. se habla de 14 estadios preferenciales dentro de una lista de 20 opciones, más 26 adicionales, totalizando 40 candidatos. Pero con 7 de esos estadios recibiendo partidos de la Copa masculina de 2026, el historial de fricción puede repetirse en el Mundial Femenino de 2031 si no hay ajustes reales.
El punto de quiebre es estratégico: ¿quieren las ciudades ser anfitrionas por orgullo deportivo o por retorno financiero? Si el contrato no alinea riesgo y recompensa, la candidatura deja de ser un proyecto y pasa a ser una amenaza presupuestaria.
O Veredito Jogo Hoje
Desde la lógica financiera, la FIFA está pidiendo que las ciudades asuman costos de seguridad y, al mismo tiempo, retiene flujos como derechos de transmisión y receita de patrocínio. Eso no es “estándar organizativo”: es un modelo que premia el control central y castiga al anfitrión. Si Chicago y Pittsburgh ya se apartaron, el resto no debería sorprenderse cuando el Mundial Femenino de 2031 empiece a perder sedes por pura aritmética. Y si la World Rugby ofrece un esquema con financiamiento y modelo de compartimiento de lucros, el mercado no tiene por qué esperar a que el fútbol aprenda a negociar.
Preguntas Frecuentes
Por qué ciudades de EE. UU. pueden desistir del Mundial Femenino de 2031?
Por el peso de costos de seguridad, la falta o demora de garantías gubernamentales (visados, impuestos y protección) y por un esquema de ingresos que, según reportes, deja a las ciudades con más gasto y menos control sobre derechos de transmisión y otras fuentes como receita de patrocínio.
Qué ciudades ya habrían rechazado la candidatura?
Los reportes citan a Chicago y Pittsburgh como ciudades que se habrían negado a competir para albergar el Mundial Femenino de 2031.
Por qué la World Rugby se volvió alternativa para los organizadores?
Porque ofrece un marco más flexible comercialmente, con menos exigencias de parte del anfitrión y con financiamiento del evento, además de un modelo de compartimiento de lucros (o pérdidas) con la USA Rugby. También ajustaría el acceso exclusivo a los estadios para reducir el impacto con la temporada de fútbol americano.