Stella deja claro el punto que podría cambiar los motores de la F1, pero solo en 2028

El jefe de McLaren asegura que la F1 aún necesita ajustar el hardware de las unidades de potencia, aunque los plazos hacen que cualquier cambio antes de 2028 sea extremadamente difícil.

Según Jogo Hoje, el debate técnico que lidera Andrea Stella en McLaren ya no va solo de “ajustar aquí y allá”: es un tira y afloja entre rendimiento real, seguridad, coste y el calendario de desarrollo de los equipos. Y el foco está puesto en la unidad de potencia, porque cuando la energía no llega, el coche no “cuenta” en pista; y cuando llega tarde, el espectáculo se resiente.

Stella sostiene que todavía hace falta tocar el hardware de la unidad de potencia. Pero admite algo que en ingeniería deportiva pesa como una piedra: los plazos actuales vuelven prácticamente inviable un cambio estructural antes de 2028, aunque el primer paquete de medidas para aliviar problemas del inicio de 2026 ya se haya aplicado.

O que Stella quer cambiar nas unidades de potência

El punto de Stella es bastante concreto y, por eso mismo, incómodo para cualquiera que diseñe un coche desde el simulador hasta la parrilla. La idea es que la F1 necesita corregir la “fórmula” energética para que no existan carreras donde el monoplaza parezca un teléfono con batería al 2%: vas bien… hasta que ya no.

¿Qué sugiere la McLaren? Una combinación de flujo de combustible más alto y batería mayor, de forma que el sistema pueda producir potencia durante más tiempo sin castigar tanto el equilibrio entre el motor térmico y el eléctrico. Dicho con lenguaje de pista: quieres evitar que el coche viva de la chispa y muera en cuanto la recuperación de energía no alcanza.

Stella pone cifras sobre la mesa al citar el nivel actual de 350 kW en el sistema MGU-K y abre la puerta a un salto hacia 400 kW o 450 kW. Si eso suena a “solo tocar un número”, pensemos en lo que implica en el mundo real: más potencia demanda más gestión, más margen y, sobre todo, más tiempo para que las piezas encajen.

Por que la solución mexe en combustible, batería y chassi

Aquí está la parte tática que muchos oyentes se saltan por impaciencia, pero que define el coche. Si subes el flujo de combustible, no solo cambia el volumen: cambia el equilibrio de potencia del motor a combustión y el reparto con el componente eléctrico. Es un efecto dominó que termina tocando chasis, embalajes internos, refrigeración y hasta la estrategia de modos de funcionamiento.

Y si además pides batería mayor, el coche tiene que “respirar” distinto. No es magia: una batería más grande altera masa, reparto de cargas y compatibilidad con el conjunto. Incluso la arquitectura de la unidad de potencia se vuelve un rompecabezas más grande.

La FIA, en paralelo, puede buscar un alivio de consumo con un ajuste aerodinámico: menos downforce para reducir velocidades de aproximación extremas y, con ello, el gasto energético en curvas. Suena sencillo en el papel, pero la clave sigue siendo la misma: la energía debe estar disponible cuando el coche la necesita, no cuando ya es tarde.

Stella remata el argumento con una frase que suena a advertencia de taller: aumentar el flujo no es algo para lo que los motores actuales hayan sido diseñados desde el inicio. Por eso, el debate técnico se vuelve inevitablemente estructural, y ahí es donde el teto orçamentário y la ventana de ingeniería mandan más que la voluntad.

O que muda entre 2027 e 2028 no cronograma da F1

La diferencia entre 2027 y 2028, en este caso, no es una cuestión de calendario deportivo. Es una cuestión de plazos industriales. Stella deja claro que el impacto sobre el tamaño de la batería y la adaptación al mayor flujo de combustible exige más tiempo del que queda hasta 2027.

¿Y qué pasaría si alguien intentara empujar las piezas antes? Que las decisiones “de última hora” se pagan en forma de compromisos: el coche podría quedar a medio camino entre lo que la ingeniería quería y lo que el presupuesto permite. Además, hay otra realidad que Steve Nielsen, de Alpine, pone con crudeza: con el teto orçamentário, no todos los equipos van a rehacer el chasis solo por una condición técnica nueva.

Nielsen apunta a la otra cara del problema: si el tanque debe crecer con más combustible, entonces el chasis tiene que adaptarse. Y si no se adapta, aparecen números como los 10 o 20 litros extras que obligan a cambiar de plan. En ingeniería, esos “pequeños incrementos” son a menudo los que deciden si el coche del año siguiente es una evolución coherente o una improvisación.

Por eso, aunque la F1 haya aplicado ajustes emergenciales y el GP de Miami haya sido la primera carrera bajo el marco ajustado, Stella insiste en que el debate de fondo se tiene que cerrar con tiempo suficiente para aplicar en 2028. Y menciona 2027 como plazo especialmente apretado: no hay margen para absorber el coste de rediseño sin romper la planificación.

La posición de Mercedes, Alpine y de la propia FIA

Toto Wolff marca un contraste interesante: no está en contra de mejorar el espectáculo, pero desconfía de la idea de tocar la unidad de potencia en el corto plazo. Tras el GP de Miami, defendió que cambiar el motor “de reglas” pronto es una evaluación precipitada, porque el propio fin de semana mostró una F1 con disputa real en cabeza y también combates en el medio del pelotón.

Wolff, en modo más táctico que filosófico, pide además tiempo para extraer rendimiento del motor a combustión y mejorar el modo de recta. Pero ojo: su mensaje no es “no tocar nada”; es “toca con criterio y con tiempo suficiente”, porque el rendimiento no sale de la nada. Sale de mapas, de integración y de pruebas, y todo eso requiere una fase de desarrollo que no se negocia en una reunión.

Steve Nielsen, por su parte, aterriza el coste y la logística. Si el combustible sube, el tanque tiene que crecer. Si el tanque crece, el chasis puede tener que cambiar. Y si el teto orçamentário manda, puede que el nuevo chasis no sea prioridad para el año siguiente. En ese escenario, el equipo queda atado a una decisión temprana: o anticipa el rediseño o asume que el sistema no encaja con el coche tal como estaba planificado.

La FIA, mientras tanto, aparece como la vía para ajustes de impacto más inmediato en el rendimiento energético, como una reducción leve de downforce. Eso puede ayudar a que el consumo sea menos agresivo y que la recuperación de energía tenga un papel más estable durante la carrera. Pero incluso si esa palanca funciona, Stella insiste en que la corrección más profunda requiere tocar el hardware.

O que está en juego para el espectáculo y para los fabricantes

El conflicto es claro: performance, seguridad, coste y calendario industrial. Si el sistema energético deja a los coches sin potencia en momentos críticos, la carrera se vuelve una sucesión de “ventanas” donde adelantar se hace difícil o donde el ritmo cae sin que el piloto pueda compensar con habilidad.

Y para los fabricantes, el riesgo es doble. Primero, el impacto técnico: una unidad de potencia que pide más flujo de combustible y más batería mayor puede obligar a rediseñar integración, refrigeración y distribución interna. Segundo, el impacto financiero: con el teto orçamentário, cada proyecto compite por recursos con el resto del coche.

En otras palabras, no es solo una cuestión de números de kW. Es una cuestión de si el equipo puede construir un paquete coherente y competitivo sin que cada mejora se convierta en un parche.

Por eso, el debate se vuelve “urgente” pero también “técnico”: si la F1 quiere evitar carreras donde la energía se agota antes de tiempo, no basta con optimizar modos y estrategias. Hay que revisar el equilibrio de la recuperación de energía y la disponibilidad de potencia que el MGU-K permite.

O Veredito Jogo Hoje

Stella tiene razón en lo esencial: si el problema es que la unidad de potencia no entrega energía de forma consistente, el espectáculo no se arregla solo con ajustes finos de gestión. La F1 puede maquillar el consumo con aerodinámica y decisiones de pista, pero cuando el reloj industrial manda, el cambio profundo acaba siendo 2028. Y eso, aunque joda a quien quiere soluciones ya, es precisamente lo más responsable: ingeniería seria, chassi compatible y una transición que los equipos puedan pagar sin romper su plan. Nosotros lo vemos así: la categoría está entre “parches” y “correcciones de fondo”, y el propio debate técnico está confesando que el fondo no entra en 2027.

Perguntas Frequentes

Por qué la F1 quiere cambiar las unidades de potencia?

Porque el equilibrio energético actual condiciona el ritmo y la disponibilidad de potencia durante la carrera. Cuando la gestión del MGU-K y la recuperación de energía no alcanzan para sostener el rendimiento, aparecen tramos donde el coche pierde capacidad de atacar y el espectáculo se enfría.

Por qué las cambios son difíciles antes de 2028?

Porque un salto real en potencia y en la arquitectura del sistema implica rediseño: más flujo de combustible exige cambios vinculados al tanque y el chassi, y una batería mayor obliga a adaptar la integración. Con el teto orçamentário, además, no todos los equipos pueden asumir el coste y el tiempo de un rediseño completo tan pronto.

Qué puede cambiar en el motor, la batería y el tanque de combustible?

La discusión gira alrededor de elevar el nivel del MGU-K (citando el paso desde 350 kW hacia 400 kW o 450 kW) y, al mismo tiempo, aumentar la capacidad de batería. En paralelo, mejorar el flujo de combustible llevaría a un tanque más grande, con impacto directo sobre el chassi, y por eso se mencionan incrementos del orden de 10 o 20 litros como punto de tensión.

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